martes, 17 de julio de 2007

A los Hombres futuros, de poesias escritas durante el exilio- Bertolt Brecht


A los hombres futuros, de Poesías escritas durante el exilio

" I
Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.

¡Qué tiempos éstos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?

Es cierto que aún me gano la vida
Pero, creedme. es pura casualidad. Nada
de lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara,
[estaría perdido).
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.

Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia.
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.

II

Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Mi pan lo comí entre batalla y batalla.
Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos, sin mí. Lo sabía.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

III

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.

Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia.
"

Bertolt Brecht
Poeta, director teatral y dramaturgo alemán, cuyo tratamiento original y distanciado de los temas sociales y de los experimentos revolucionarios ha influido enormemente en la creación y en la producción teatrales modernas. Brecht nació el 10 de febrero de 1898 en Augsburgo (Baviera), y se formó en las universidades de Munich y Berlín. En 1924, aparece como autor teatral en el Berlín Deutsches Theater, bajo la dirección de Max Reinhardt. Sus primeras obras muestran la influencia del expresionismo, el principal movimiento dramático de la época. En 1928, escribió un drama musical, La ópera de los dos centavos (conocida en algunos países como tres peniques o tres centavos), con el compositor alemán Kurt Weill. Este musical, basado en The Beggar's Opera (1728) del dramaturgo inglés John Gay, era una cáustica sátira del capitalismo y se convirtió en el éxito teatral más importante de Brecht. Se estrenó en 1928 en Berlín. En 1924, había empezado Brecht a estudiar el marxismo, y, desde 1928 hasta la llegada de Hitler al poder, escribió y estrenó varios dramas didácticos musicales. La ópera Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny (1927-1929), también con música de Weill, volvía a criticar severamente el capitalismo. La preocupación por la justicia fue un tema fundamental en su obra. Durante este periodo inicial de su carrera, Brecht dirigía a los actores y empezó a desarrollar una teoría de técnica dramática conocida como teatro épico. Rechazando los métodos del teatro realista tradicional, prefería una forma narrativa más libre en la que usaba mecanismos de distanciamiento tales como los apartes y las máscaras para evitar que el espectador se identificara con los personajes de la escena. Brecht consideraba esta técnica de alienación, la -distanciación-, como esencial para el proceso de aprendizaje del público, dado que eso reducía su respuesta emocional y, por el contrario, le obligaba a pensar. Ejemplos, que incluía las obras La toma de medidas, La excepción y la regla, El que dice sí y el que dice no, es la expresión más radical del propósito socialista de Brecht.

A causa de su oposición al gobierno de Hitler, Brecht se vio forzado a huir de Alemania en 1933, viviendo primero en Escandinavia y estableciéndose finalmente en California en 1941. Fue durante esos años de exilio cuando produjo algunas de sus mejores obras, como La vida de Galileo Galilei (1938-1939), Madre Coraje y sus hijos (1941), que consolidaron su reputación como importante dramaturgo, y El círculo de tiza caucasiano (1944-1945). Brecht se consideraba a sí mismo un hombre de teatro que se había liberado de las tendencias del teatro expresionista para experimentar con nuevas formas. Quería mostrar que ese cambio no sólo era posible sino que era necesario. Su versátil empleo de la lengua y de las formas poéticas -lenguaje clásico mezclado con el habla del hombre de la calle, versos libres e irregulares- lo dirigió a sacudir la conciencia del público y a llevarlo de una pasividad acrítica a la reflexión y, esperanzadamente, a la acción. En 1948, Brecht volvió a Alemania, se estableció en Berlín Este y fundó su propia compañía teatral, el Berliner Ensemble. Fue una figura controvertida en la Europa del Este, ya que su pesimismo moral chocaba con el ideal soviético del socialismo realista. A lo largo de su vida escribió también varias colecciones de poemas, que, con sus obras de teatro, lo sitúan entre los más grandes autores alemanes. Murió el 14 de agosto de 1956 en Berlín.

lunes, 16 de julio de 2007

Poética- Federico Garcia Lorca

POÉTICA
(De viva voz a G[erardo] D[iego].)
Pero, ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía.
Aquí está: mira. Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin literatura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé.
Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca.
En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un inconsciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio-, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema.

El príncipe malvado- Hans Christian Andersen

El príncipe malvado
(Leyenda)
[Cuento infantil. Texto completo]

Hans Christian Andersen

Érase una vez un príncipe perverso y arrogante, cuya única ambición consistía en conquistar todos los países de la tierra y hacer que su nombre inspirase terror. Avanzaba a sangre y fuego; sus tropas pisoteaban las mieses en los campos e incendiaban las casas de los labriegos. Las llamas lamían las hojas de los árboles, y los frutos colgaban quemados de las ramas carbonizadas. Más de una madre se había ocultado con su hijito desnudo tras los muros humeantes; los soldados la buscaban, y al descubrir a la mujer y su pequeño daban rienda suelta a un gozo diabólico; ni los propios demonios hubieran procedido con tal perversidad. El príncipe, sin embargo, pensaba que las cosas marchaban como debían marchar. Su poder aumentaba de día en día, su nombre era temido por todos, y la suerte lo acompañaba en todas sus empresas. De las ciudades conquistadas se llevaba grandes tesoros, con lo que acumuló una cantidad de riquezas que no tenía igual en parte alguna. Mandó construir magníficos palacios, templos y galerías, y cuantos contemplaban toda aquella grandeza, exclamaban: «¡Qué príncipe más grande!». Pero no pensaban en la miseria que había llevado a otros pueblos, ni oían los suspiros y lamentaciones que se elevaban de las ciudades calcinadas.

El príncipe consideraba su oro, veía sus soberbios edificios y pensaba, como la multitud: «¡Qué gran príncipe soy! Pero aún quiero más, mucho más. Es necesario que no haya otro poder igual al mío, y no digo ya superior». Se lanzó a la guerra contra todos sus vecinos, y a todos los venció. Dispuso que los reyes derrotados fuesen atados a su carroza con cadenas de oro, andando detrás de ella a su paso por las calles. Y cuando se sentaba a la mesa, los obligaba a echarse a sus pies y a los de sus cortesanos, y a recoger las migajas que les arrojaba.

Luego dispuso el príncipe que se erigiese su estatua en las plazas y en los palacios reales. Incluso pretendió tenerla en las iglesias, frente al altar del Señor. Pero los sacerdotes le dijeron:

-Príncipe, eres grande, pero Dios es más grande que tú. No nos atrevemos.

-¡Pues bien! -dijo el perverso príncipe-. Entonces venceré a Dios.

Y en su soberbia y locura mandó construir un ingenioso barco, capaz de navegar por los aires. Exhibía todos los colores de la cola del pavo real y parecía tener mil ojos, pero cada ojo era un cañón. El príncipe, instalado en el centro de la nave, sólo tenía que oprimir un botón, y mil balas salían disparadas; los cañones se cargaban por sí mismos. A proa fueron enganchadas centenares de poderosas águilas, y el barco emprendió el vuelo hacia el Sol. La Tierra iba quedando muy abajo. Primero se vio, con sus montañas y bosques, semejante a un campo arado, en que el verde destaca de las superficies removidas; luego pareció un mapa plano, y finalmente quedó envuelta en niebla y nubes. Las águilas ascendían continuamente. Entonces Dios envió a uno de sus innumerables ángeles. El perverso príncipe lo recibió con una lluvia de balas, que volvieron a caer como granizo al chocar con las radiantes alas del ángel. Una gota de sangre, una sola, brotó de aquellas blanquísimas alas, y la gota fue a caer en el barco en que navegaba el príncipe. Dejó en él un impacto de fuego, que pesó como mil quintales de plomo y precipitó la nave hacia la Tierra con velocidad vertiginosa. Se quebraron las resistentes alas de las águilas, el viento zumbaba en torno a la cabeza del príncipe, y las nubes -originadas por el humo de las ciudades asoladas- adquirieron figuras amenazadoras: cangrejos de millas de extensión, que alargaban hacia él sus robustas pinzas, peñascos que se desplomaban, y dragones que despedían fuego por las fauces. Medio muerto yacía él en el barco, el cual, finalmente, quedó suspendido sobre las ramas de los árboles del bosque.

-¡Quiero vencer a Dios! -gritaba-. Lo he jurado, debe hacerse mi voluntad.

Y durante siete años estuvieron construyendo en su reino naves capaces de surcar el aire y forjando rayos de durísimo acero, pues se proponía derribar la fortaleza del cielo. Reunió un inmenso ejército, formado por hombres de todas sus tierras. Era tan numeroso, que puestos los soldados en formación cerrada, ocupaban varias millas cuadradas. La tropa embarcó en los buques, y él se disponía a subir al suyo, cuando Dios envió un enjambre de mosquitos, uno sólo, y nada numeroso. Los insectos rodearon al príncipe, le picaron en la cara y las manos. Él desenvainó la espada, pero no hacía sino agitarla en el aire hueco, sin acertar un solo mosquito. Ordenó entonces que tejiesen tapices de gran valor y lo envolviesen en ellos; de este modo no le alcanzaría la picadura de ningún mosquito; y se cumplió su orden. Pero un solo insecto quedó dentro de aquella envoltura, e, introduciéndose en la oreja del príncipe, le clavó el aguijón, produciéndole una sensación como de fuego. El veneno le penetró en el cerebro, y, como loco, se despojó de los tapices, rasgó sus vestiduras y se puso a bailar desnudo ante sus rudos y salvajes soldados, los cuales estallaron en burlas contra aquel insensato que había pretendido vencer a Dios y había sido vencido por un ínfimo mosquito.

FIN


Hans Christian Andersen nace el 2 de abril de 1805 en Odensee. Tras la muerte de su padre en 1816, y las nuevas nupcias de su madre en 1819, se marcha solo y casi sin recursos a probar suerte en Copenhague. Al principio su aventura fracasa pero, en 1822, gracias al interés del director de teatro Jonas Collin, obtiene una beca que le permite seguir sus estudios de forma regular. Superado el bachiller, a partir de 1830 comienza a publicar sus primeros relatos. Su joven reputación y la ayuda de Jonas Collin le proporcionan una beca de viaje. Entre 1833 y 1834 visita Francia e Italia. En 1835, ya en su país, Andersen publica el primer fascículo de los Cuentos contados a los niños . Esta colección obtiene un gran éxito y va a ser continuada casi cada año (con obras como La sirenita, La pequeña vendedora de fósforos, Pulgarcita, El Patito Feo, La Reina de las Nieves. Una vez alcanzado el éxito, Andersen va a repartir su tiempo entre los viajes y las estancias en casa de amigos influyentes. Andersen también escribe relatos de viajes (Reflejo de un viaje a Harz, 1831), piezas de teatro (El amor en la Torre de San Nicolás), poemas (Fantasías y esbozos, 1831) y novelas (El improvisador, 1835 ; Las dos baronesas, 1848).

A Andersen le gusta escribir la historia de una vida, la de un ser humano o la de una leyenda, un animal, un vegetal e incluso un objeto. Es capaz de dar vida, lenguaje y sentimientos humanos a los objetos y a los animales, como en el tradicional género de las fábulas. En ocasiones describe la vida de un personaje desde su nacimiento a su muerte y otras veces simplemente un período concreto de esa vida.

"Mi vida es un cuento maravilloso, marcado por la suerte y por el éxito". H.C. Andersen, El cuento de mi vida (1855).

Hans Christian Andersen fallece el 8 de agosto de 1875

domingo, 15 de julio de 2007

El Poder y la Gloria

Yo tambén soy de los que piensan que Graham Greene debío ser premio Nobel


>>El Poder y la Gloria (fragmento):

¿Qué hora sería? ¿Cuántas horas habían pasado desde el

amanecer? Era imposible saberlo; el tiempo era elástico; se
estiraba hasta romperse. Suponiendo, después de todo, que no
fuera tan temprano; tal vez eran las seis, las siete...
Comprendió cuántas esperanzas había puesto en esa criatura.
Era la única persona que podía ayudarlo sin correr peligro. Si no
conseguía llegar a las montañas antes de tres o cuatro días,
estaría acorralado; daba lo mismo entregarse a la policía,
porque ¿cómo haría para vivir cuando empezaran las lluvias, si
nadie se atrevía a darle comida ni refugio? Habría sido mejor,
más rápido, que lo hubieran reconocido en el cuartel de la
policía, una semana antes; mucho menos trabajo. Oyó un ruido;
era como una esperanza que renacía tímidamente; un rasgueo y
un gemido; esto era lo que se llama el amanecer; el ruido de la
vida que renace. Lo esperó, ávidamente, en la puerta del galpón.
Y el ruido se acercó. Era una perra mestiza, que se
arrastraba por el patio; un ser desagradable, de orejas caídas,
con una pata herida o rota; gemía. Algo tenía en la espalda. Se
acercó muy lentamente; se podían distinguir todas sus
costillas, como un esqueleto en un Museo de Historia Natural;
era evidente que hacía días que no comía; la habían abandonado.
A diferencia de él, la perra conservaba una especie de
esperanza. La esperanza es un instinto, que sólo la mente
razonadora del hombre puede destruir. Un animal no conoce
nunca la desesperación. Mientras contemplaba su marcha
lastimosa, tuvo la sensación de que esto había venido
ocurriendo día tras día; tal vez durante semanas; era uno de los
efectos mejor ensayados del día, como el canto de las aves en
regiones más felices. La perra se arrastró hasta la puerta de la
galería frente a la casa, y empezó a rascar con la pata, tendida
en el suelo con extraño abandono; aplicaba la nariz a una grieta,
como respirando el aire inútil de las habitaciones vacías; luego
empezó a gemir con impaciencia, y en cierto momento agitó la
cola, como si oyera algo adentro. Finalmente, empezó a aullar.
El cura no pudo soportar más; ahora sabía lo que quería
decir; podía darse el gusto de comprobarlo personalmente.
Salió al patio, y el animal se volvió con torpeza, y empezó a
ladrarle, como una parodia de perro guardián. No era ninguna de
las personas lo que ella anhelaba; quería lo que siempre había
tenido; quería el mundo de antes.
El cura miró por una ventana; tal vez era ésta la
habitación de la niña. Se habían llevado todo, excepto lo inútil y
lo roto. Había una caja de cartón, llena de papeles viejos, y una
sillita con una pata rota. En la pared encalada un gran clavo que
había sostenido antes un espejo o un cuadro. También se veía un
calzador roto.
La perra se arrastraba por la galería; gruñendo; el
instinto es una especie de deber; se lo puede confundir muy
fácilmente con la lealtad. Para esquivar al animal no tenía más
que salir; la perra no podía seguirlo con suficiente rapidez;
empujó una puerta, y se abrió; nadie se había tomado el trabajo
de cerrarla con llave. Una vieja piel de caimán, mal desollada y
peor curtida, colgaba de la pared. Oyó un soplido detrás de él, y
se volvió; la perra tenía dos patas sobre el umbral, pero ahora
que lo consideraba establecido en la casa, lo aceptaba.
Él se hallaba en plena posesión de todo, era el amo, y en
el interior había suficiente variedad de olores para
entretenerla.<<

Henry Graham Greene (2oct1904- 3abr1991) escritor, guionista y crítico britanico cuya obra explora la confusión del hombre moderno, tratando asuntos política o moralmente ambiguos en un trasfondo contemporáneo.

Greene consiguió tanto los elogios de la crítica como los del público. Aunque el mayor objetivo de Greene era ser recordado como un simple "novelista católico", su fe cristiana da forma a la mayoría de sus novelas, y gran parte de sus obras más relevantes (p. e. Brighton Rock, The Heart of the Matter y The Power and the Glory), tanto en el contenido como en las preocupaciones que contienen, son explícitamente católicas.


Saludos

miércoles, 11 de julio de 2007

Chileno Prejuicioso Parte 1

El otro día veía las noticias, y magistralmente mostraron como capturaban y pateaban a un lanza en el centro, obviamente no pude evitar soltar algunas carcajadas (que cruel) pero la verdad es que hace falta que pase esto un poco más a menudo, me tocó varias veces cuando trabajaba de PT (ilegalmente jajajaja) ahí en Puente con Santo Domingo, ver señoras con colgajos de carne en vez de oreja, victimas de lanzazos y hacerles respectivas curaciones : error profesional, eso no lo debe hacer un sub- administrador, ya que al estar en 4to año de universidad se supone no sabe NADA, o eso por lo menos argumentan algunos tipos con carencia de lógica (y eso que esos ya tienen el titulo de QF, que vergüenza).

Me desvíe bastante del tema, retomándolo ¿en que estaba?, a sí los lanzazos y los colgajos de carne, bueno la cosa es que una par de semanas después de esa gracia, una turba de unos 15 o 20 tipos quisieron saquearme la wea de farmacia, obviamente me alteré y les aforré sus buenos fierrazos a unos varios… eso también tuvo su costo: no poder levantarme al otro día, ya que yo también me llevé mi parte.

Me parece que la delincuencia refleja muchas cosas, una sociedad injusta que abandona a la gente con menos recursos, lo que no quiere decir que ellos no tengan la culpa tampoco ya que por lo que veo el “trabajito” ese no es solo para subsistir. Refleja también que cada vez se marcan más las clases sociales. Hace unos días atrás discutía con alguien, me decía que había que eliminar a los flaites, que no representaban a Chile… ¡grave error! Los flaites son Chile, me explico: somos un país democrático, o sea la mayoría gana; LA MAYORIA DE CHILE ES FLAITE.

No me mal interpreten, ser flaite no implica ser delincuente, eso es otra cosa. El flaite es un estereotipo de gente, que según la “gente” se “viste mal” (deduzco de estas palabras mal ocupadas que ocupan las chaquetas de pantalón, los calcetines de guantes, el calzoncillo de gorro, etc) ¡burrada más grande!. ELLOS OCUPAN UNA MODA “DISTINTA”. Debo mencionar que muchas de esas personas que se visten “distinto” aunque con suerte se les entiende lo que hablan, gozan de una educación mucho más nutrida que “los hijitos de papá”, es decir, son más respetuosos en el trato con la gente, son menos prepotentes, son más ubicados. Ya lo rezaba Niezsche en “Así habló Zaratustra”, no vemos más allá de nuestras propias narices.


“Cuando Zaratustra llegó a la primera ciudad, situada al borde de los bosques encontró reunida en el mercado una gran muchedumbre: pues estaba prometida la exhibición de un volatinero. Y Zaratustra habló así al pueblo:

Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo?

Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de sí mismos: ¿y queréis ser vosotros el reflujo de ese gran flujo y retroceder al animal más bien que superar al hombre?, ¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa.

Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y también ahora es el hombre más mono que cualquier mono.

Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma.

Pero ¿os mando yo que os convirtáis en fantasmas o en plantas?

¡Mirad, yo os enseño el superhombre!

El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra! ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no. Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!

En otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios ha muerto y con Él han muerto también esos delincuentes. ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de la tierra!

En otro tiempo el alma miraba al cuerpo con desprecio: y ese desprecio era entonces lo más alto: - el alma quería el cuerpo flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse del cuerpo y de la tierra.

Oh, también esa alma era flaca, fea y famélica: ¡y la crueldad era la voluptuosidad de esa alma! Mas vosotros también, hermanos míos, decidme: ¿qué anuncia vuestro cuerpo de vuestra alma? ¿No es vuestra alma acaso pobreza y suciedad y un lamentable bienestar?”

¿Quién es portador de la verdad?, ¿Quién tiene capacidad para juzgar al resto como se debe?...

Seamos Guerreros del Argumento camaradas…

Adios!

martes, 3 de julio de 2007

hasta que me decidi por un blog...

Amigos y Visitantes: aun no se el fin de esta wea pero creo que escribiré o publicaré texto que sean interesantes...

eso xau

«Como unos puercos hambrientos ansían el oro»

en: Las Venas Abiertas de América Latina

Eduardo Galeano

A tiros de arcabuz, golpes de espada y soplos de peste, avanzaban los implacables y escasos conquistadores de América. Lo cuentan las voces de los vencidos. Después de la matanza de Cholula, Moctezuma envía nuevos emisarios al encuentro de Hernán Cortés, quien avanza rumbo al valle de México. Los enviados regalan a los españoles collares de oro y banderas de plumas de Quetzal. Los españoles "estaban deleitándose. Como si fueran monos levantaban el oro, como que se sentaban en ademán de gusto, como que se les renovaba y se les iluminaba el corazón. Como que cierto es que eso anhelan con gran sed. Se les ensancha el cuerpo por eso, tienen hambre furiosa de eso. Como unos puercos hambrientos ansían el oro" dice el texto náhuatl preservado en el Códice Florentino. Más adelante cuando Cortés llega a Tenochtitlán, la espléndida capital azteca, los españoles entran en la casa del tesoro "y luego hicieron una gran bola de oro, y dieron fuego, encendieron, prendieron llama a todo lo que restaba, por valioso que fuera: Con lo cual todo ardió. Y en cuanto al oro, los españoles lo redujeron a barras..."

Hubo guerra, y finalmente Cortés, que había perdido Tenochtitlán, la reconquistó en 1521. "Y ya no teníamos escudos, ya no teníamos macanas, y nada teníamos que comer y nada comimos". La ciudad, devastada, incendiada y cubierta de cadáveres, cayó. "Y toda la noche llovió sobre nosotros ". La horca y el tormento no fueron suficientes: Los tesoros arrebatados no colmaban nunca las exigencias de la imaginación, y durante largos años excavaron los españoles al fondo del lago de México en busca del oro y los objetos preciosos presuntamente escondidos por los indios.

Pedro de Alvarado y sus hombres se abatieron sobre Guatemala y "eran tantos los indios que mataron, que se hizo un río de sangre, que viene a ser el olimtepeque y también "el día se volvió colorado por la mucha sangre que hubo aquél día Antes de la batalla decisiva, y vístose los indios atormentados, les dijeron a los españoles que no les atormentaran más, que allí les tenían mucho oro.. plata,, Diamantes y esmeraldas que les tenían los capitanes Nehaib lxquín, Nehaíb hecho águila y león. Y luego se dieron a los españoles y se quedaron con ellos..."

Antes de que Francisco de Pizarro degollara al Inca Atahualpa, "le arrancó un rescate de andas de oro y plata que pesaban más de veinte mil marcos de plata, fina, un millón y trescientos veintiséis mil escudos de oro finísimo... ". Después se lanzó sobre el Cuzco. Sus soldados creían que estaban entrando en la Ciudad de los Césares, tan deslumbrante era la capital del imperio incaico, pero no demoraron en salir de su estupor y comenzaron a saquear el templo del sol: "forcejeando, luchando entre ellos, cada cual procurando llevarse del tesoro la parte del león, los soldados con cota de malla, pisoteaban joyas e imágenes, golpeaban los utensilios de oro o les daban martillazos para reducirlos a un formato más fácil y manuable... Arrojaban al crisol para convertir el metal en barras, todo el tesoro del templo: las placas que habían cubierto los muros, los asombrosos árboles forjados, pájaros y otros objetos del jardín"[1]

Hoy día, en el zócalo, la inmensa plaza desnuda del centro de la capital de México, la catedral católica se alza sobre las ruinas del templo más importante de Tenochtitlán, y el palacio de gobierno está emplazado sobre la residencia de Cuauhtémoc, el jefe azteca ahorcado por Cortés. Tenochtitlán fue arrasada. El Cuzco corrió, en el Perú, suerte semejante, pero los conquistadores no pudieron abatir del todo sus muros gigantescos y hoy puede verse, al pie de los edificios coloniales, el testimonio de piedra de la colosal arquitectura incaica.


[1] León Portilla, Miguel. El Reverso de la Conquista. Relaciones Mayas, Aztecas e Incas, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1964.